Chile » Región » San Clemente » Literatura » Cuentos » Martes 5 de Febrero del año 2008 / 15:44 Hrs.
El burro que cagaba plata: Cuento de Pedro Urdemales
Urdemales encontró un burro y montando en él se fue donde un caballero muy rico ...



EL BURRO QUE CAGABA PLATA

Una vez se encontró Pedro Urdemales un burro, y montando en él se fue donde un caballero muy rico y generoso que lo tomó a su servicio por un año, pagándole una moneda de oro cada mes.

Pedro Urdemales y su burro lo pasaron muy bien durante ese tiempo y engordaron bastante. Concluido el año, Pedro Urdemales, que no había necesitado gastar nada porque de todo se le daba en abundancia, se encontró con que había economizado doce hermosas monedas de oro, que cambió por muchas de plata, y no sabiendo dónde guardarlas, como lugar más seguro se las encajó al burro debajo de la cola.

Iba pasando Pedro por frente de los jardines del Rey, cuando el Rey lo divisa y le dice:
— Muy bonito tu burro, Pedro, ¿quién te lo ha prestado?

— El burro es mío, Su Majestad, y muy bueno me ha costado; y no es nada lo bonito, como otra gracia que tiene.

— ¿Y qué gracia es ésa?— preguntó el Rey.

— Va a verla Su Sacarrial Majestad, — le respondió Urdemales.

Y clavándole las espuelas al burro con toda su fuerza, del dolor que le causó, le hizo largar una ventosidad y con ella salieron unas cuantas monedas de plata de las que había depositado en la parte consabida.

Pedro le dijo al Rey:
— Ya ve, pues, señor, la layita de burro que tengo, que no hay otro como él en todo el mundo. El come su pastito como cualquiera otro, pero el pastito se le vuelve plata.

— Pedro, — le dijo el Rey, — véndeme tu burro.

— ¡Cómo, señor, le voy a vender un burro de esta laya! Fíjese Su Sacarrial Majestad que cada vez que necesito plata, no tengo mas que montarme en él y clavarle un poquito las rodajas y al tirito me regala con varias monedas.

— Véndemelo, Pedro; te daré dos mil monedas de oro por él; es tu Rey quien te lo pide.

— Por ser mi Rey quien me lo pide se lo venderé, aunque no es negocio: dos mil monedas de oro es poco para ser dadas por el Rey.

Le mandó dar el Rey a Pedro, dos mil quinientos ducados y el mejor caballo que se criaba en sus potreros, y en cuanto no más se vio montado, las enveló ño Peiro que no dejó más que la polvaera.

El Rey hizo que pusieran al burro en la mejor pesebrera y le dieran bastante pasto y del mejor, y al día siguiente, antes de almorzar, convidó a la Reina, a los príncipes y a todos los grandes de la Corte para que vieran la maravilla que había comprado.

Cuando ya estaban todos en los balcones, el Rey en persona montó en el burro y le clavó las espuelas muy suavemente; el humo, nada. Le clavó las espuelas más fuertes y entonces el burro plantó un corcovo, levantó la cola y entre ventosidades y otros excesos despidió hasta unas veinte monedas de plata.

Todos se quedaron con la boca abierta, admirados de ver una cosa tan extraordinaria. Algunas damas viejas dijeron que era señal de acabo de mundo .

Al día siguiente se hizo la misma experiencia, siempre con buen resultado, porque el burro largó todas las monedas que le quedaban aún, sin dejar adentro una ni para remedio.

El Rey estaba tan contento que no le cabía un alfiler . El no sabía que la minita se había broceado. Así es que cuando al otro día repitieron la operación, el burro lanzó de todo, menos plata.

Era de ver la rabia del Rey y cómo ordenaba a sus generales que mandaran tropas en persecución de Pedro, que lo había engañado. Las tropas salieron pero ya hacía tres días que Pedro había hecho la venta y dos que habla salido de los estados del Rey.

¿Irían a pillar a esa fiebre?





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